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LUXEMBURGO: LAS BURBUJAS DEL MOSELA
considerablemente su diversidad gastronó- mica, incluyendo desde la francesa Quiche Lorraine hasta el Kniddelen de influencia ger- mana pasando por los icónicos Moules-frites belgas. Pero su intrincada historia geopolítica (los siglos del XV al XIX de dominación ex- tranjera o las migraciones europeas del siglo XIX) también han influido notablemente en la cocina luxemburguesa, siendo la italiana una de las culturas que más la han marcado. Gran parte de los trabajadores de las acerías de Luxemburgo en los siglos XIX y XX prove- nían de distintas regiones italianas y trajeron consigo sus recetas más tradicionales. Una de las que más cuajó en la cultura gastronó- mica del Gran Ducado fue la siciliana (o corsa según las fuentes) Pastaschutta, una pasta seca a la que agregan carne picada, verduras y salsa de tomate. Todos ellos no dejan de ser platos internacionales que un buen Riesling luxemburgués puede hacer brillar como nin- gún otro vino.
En cualquier caso, su gastronomía tradicional viene marcada por los productos de tempora- da y aquellos a los que los campesinos tenían acceso en sus campos y ríos. Por ello no es de extrañar que la patata o las legumbres ten- gan un papel protagonista en muchas de sus elaboraciones como el Bouneschlupp (una sopa de legumbres con acompañantes va- riopintos) o el aperitivo Gromperekichelcher (una especie de pastel de patata frito). Aun- que los pescados no son omnipresentes, el F’rell Am Rèisleck (trucha cocinada con vino
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