Page 67 - Revista Traveling 50
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  son menos reconocidas que sus ve- cinas francesas, y ya no digamos las alemanas, Luxemburgo goza de la misma tradición ancestral en materia de viticultura, contando actualmente con 1.246 hectáreas de viñedo, 340 bodegas y produciendo al año más de 16 millones de botellas. Hace casi un siglo, en 1935, implementaron la “Marque Nationale” para proteger la identidad y calidad de sus vinos, pero por conversión europea el sello que hoy en día certifica el origen de las botellas es el de la AOP Moselle Lu- xembourgeoise.
Aunque también producen vinos tintos y rosados, su producción no llega al 10% del total, por lo que el gran icono de los vinos de Luxemburgo son sin duda sus blancos principalmente ela- borados con las variedades Rivaner, Auxerrois, Pinot Blanc, Riesling, El- bling y Gewürztraminer. En este caso podemos encontrarlos en distintas versiones, desde los más secos has- ta los semidulces y dulces Vendimia Tardía, Vino de Paja y Vino de Hie- lo. Sea como fuere, el producto más representativo y donde a menudo se encuentra la mayor diversidad y cali- dad, es en los famosos “Crémant de Luxembourg”; sus vinos espumosos de segunda fermentación en botella.
Los vinos espumosos son una tenden- cia internacional desde hace décadas y su crecimiento es constante y expo- nencial. En la actualidad no existe una región vinícola en el mundo que no explore estas vinificaciones y pocas zonas tienen las condiciones natura- les óptimas para obtener los mejores resultados. De todas las regiones que atraviesa el río Mosela, Luxemburgo es desde luego la que más atención e importancia da a los espumosos, su- poniendo más de un 25% de toda su producción vitivinícola.
Son tan importantes en el país cen- troeuropeo, que algunas bodegas como Bernard-Massard, centran todos sus esfuerzos en estas elaboraciones y en el Enoturismo, actividad cada vez más prolífica en Luxemburgo. La ma- yor parte de las bodegas se distribu- yen a lo largo de los escasos 40 kiló- metros de ribera que tiene el río en el país y muchas de ellas ofrecen la po- sibilidad de remontar el Mosela copa de espumoso en mano. Si las vistas, la compañía y el vino además se com- plementan con la rica y variopinta gas- tronomía local, miel sobre hojuelas. Aunque parte de sus platos más tradi- cionales puedan parecer algo rústicos, el encaje que Luxemburgo tiene entre Francia, Alemania y Bélgica, ha nutrido
ENOTURISMO
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