Page 61 - Revista Traveling 50
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Naturaleza, historia y arte son tan solo, aunque no es poco, tres de los atractivos de esta bella villa de un Teruel que” tam- bién existe “y que tan sorprendente es.
Catalogado como uno de los pueblos más bonitos de Es- paña nace de la mis- ma roca, un peñas- co gigante a 1182 m de altitud que le otorga una aparien- cia de impenetrable.
El río Guadalaviar, que nace en la Sierra de Albarracín, sirve de foso a este pueblo en el que no faltan ni un cas- tillo ni su muralla, ni unas so-
brias y centenarias casas medieva- les, unas callejuelas empedradas de trazados imposibles, como si al pa- sear por Albarracín la historia saliera a nuestro encuentro a susurrarnos que siempre han estado ahí, testigos de muchas historias.
En su Plaza Mayor un mirador nos presenta su río y buena parte del pueblo en el que desde una multitud de casitas apiñadas destaca la casa Julianeta, tan inclinada que parece que va a derrumbarse, una casa es- quinera y equilibrista del siglo XIV, sin duda la más fotografiada de Al- barracín.
Como ciudad medieval de grandeza no podía faltar una catedral, la del Salvador, que se levanta sobre un antiguo templo románico del siglo XII al que se añade después una torre de estilo renacentista que re- aprovecha unos sillares románicos. También el Museo Diocesano, den- tro del Palacio Episcopal, da buena cuenta del poder eclesiástico histó- rico de esta villa turolense.
TURISMO RURAL
El castillo de Albarracín también sale a nuestro encuentro, éste fue alcá- zar musulmán de la familia bereber de los Banu-Razin durante el reino de Taifas en el siglo XI y modificado posteriormente con la conquista de la ciudad por los cristianos en el siglo XIII para ser prácticamente destruido en la Guerra de Sucesión.
La antigüedad de la muralla se iden- tifica con la de la misma ciudad y aún conserva una de las puertas que da- ban acceso a la fortaleza.
Una de las torres, parte de la fortifi- cación de Albarracín, es la llamada Torre de Doña Blanca. Según cuenta una leyenda medieval, a ella acudió a alojarse la princesa aragonesa Doña Blanca, autoexiliada por las disputas con su cuñada. Se cuenta que murió de pena en la misma torre y allí fue enterrada. Las noches de luna llena su fantasma aparece por las inmedia- ciones de la torre y baja hacia el río en donde su imagen se desvanece. Dejando a un lado la historia y la cul- tura si de algo rebosa Albarracín es de naturaleza.
La ruta del río Guadalaviar, alrede- dor de la ciudad, es un sendero que nos permite fotografiar los más bellos parajes de la zona. Hora y media de paseo, que se inicia desde la Oficina
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